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1-Biografía
2-El
Asesinato de Bordabehere
3-El
monumento. La manito que dio Gardel después de muerto
4-El
Sagrado Recinto
5-
En video
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La
vida de Lisandro
"Las
clases media y proletaria no se conforman con quedar libradas a los
beneficios que puedan derivarse del "bienestar general".
Quieren saber concretamente qué propósitos tienen los partidos políticos
sobre las cuestiones que a ellas les interesan: participación de los
obreros en las utilidades de las fábricas, limitación de las grandes
ganancias y de las grandes fortunas, pensiones a la vejez, seguro de
desocupación y otros puntos semejantes. No caben ya equívocos sobre
las cuestiones sociales y del trabajo, por más que los conservadores
argentinos no lo comprendan todavía."
"El
gobierno inglés le dice al gobierno argentino no le permito que fomente
la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos
extranjeros. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se
haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma
la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes
humillaciones. Los dominios británicos tiene cada uno su cuota de
importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no
podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir
diciendo: "al gran pueblo argentino salud".
"Después
de la disolución de los antiguos partidos, participamos del deseo
general de crear uno nuevo, no para que haga vivir situaciones y
partidos del pasado, sino que inspirados en la alta tradición del espíritu
argentino, pueda armonizar con las exigencias presentes y futuras de
nuestra sociedad, todo lo que debe ser conservado como vínculo de
solidaridad entre las anteriores y las nuevas generaciones."
"Queremos
que ocupen los principales puestos nacionales ciudadanos que hayan dado
pruebas suficientes de aptitud para realizar los anhelos permanentes de
orden institucional, de progreso económico, de continuidad en la labor
de cultura moral e intelectual, fundados a costa de tantos sacrificios
de las generaciones anteriores."
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Lisandro (der.) recorriendo el país
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Biografía

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"No
tengo ambiciones de mando, por eso nunca sacrifiqué mis
convicciones"
Nota del 1 del 5 de 1997.
Revista La Maga
Etel Capdevila
Nacido el 6
de diciembre de 1868 en Rosario, Lisandro de la Torre fue el defensor de grandes causas perdidas: denunció el tratado
comercial que entregó a Inglaterra las carnes argentinas y la
evasión impositiva de los frigoríficos angloamericanos,
resistió la derogación de la Constitución santafesina de 1921
y cuestionó el proyecto de ley de represión al comunismo como
instrumento destinado a perseguir a los opositores políticos.

Don Lisandro de la Torre,
descendiente de vascos, porteño y mitrista, se estableció en
un campo del sur de la provincia de Santa Fe, en la segunda
mitad del siglo XIX. Se instaló en Rosario -por decreto
declarada ciudad pocos años antes- y se casó con doña
Virginia Paganini, sobrina nieta de Antonio Sáenz, primer
rector de la Universidad de Buenos Aires.
El 6 de diciembre de 1868 nació
su segundo hijo, un varón que siguió a Sara, la primogénita.
Don Lisandro quería ponerle su nombre, pero el sacerdote de la
Basílica Nuestra Señora del Rosario se negó porque no aparecía
en el martirologio cristiano, pero lo aceptó como segundo,
después de Nicolás. Los esfuerzos de cura fueron inútiles: el
pequeño pasó a la historia como Lisandro de la Torre, y sólo
usaría su primer nombre en los documentos oficiales.
El “gringuito”
El niño, apodado
"gringuito" por ser rubio y de ojos claros, creció en
un hogar de católicos practicantes. La familia iba a misa todos
los domingos y su padre repetía como una especie de lema:
"No hay moral sin religión". El hijo descubrió que
podía haber religión sin moral en la escuela donde recibió la
educación primaria: el Colegio Colón de Rosario, regenteado
por un sacerdote. Enviado por el maestro a buscar tizas,
sorprendió in-fraganti al director, el padre Cayetano Jiménez,
con una amiga de su madre. Fue el primer paso de su
descreimiento de la Iglesia oficial que, con el tiempo, se
transformó en un ateísmo militante.
Su hermana Sara lo describía
como un pequeño arrogante y relataba una anécdota que lo
pintaba así: "Tenía 6 años cuando su madre le encargó
un mandado, el gringuito se negó y, sin abandonar sus juegos,
le respondió: ‘Yo no voy, yo nací para otros destinos’. Al
salir del asombro, doña Virginia se rió, lo tomó entre sus
brazos y lo besó".
En 1876 conoció las
privaciones materiales. El Banco Provincial le exigió al padre
cubrir el saldo deudor de su cuenta pendiente en un corto plazo.
Don Lisandro decidió invertir las condiciones requeridas: le
pagó a todos sus acreedores particulares y le dijo al Banco que
podía proceder como quisiera. La operación era ilegal, pero él
prefería regirse por sus principios morales. Los jueces
dictaron el embargo y la casa familiar se llenó de personas
extrañas que retiraban muebles y objetos valiosos. El comedor
quedó vacío y las demás habitaciones, con lo indispensable.
Completados los estudios
primarios, Lisandrito -como también lo llamaba-ingresó en el
Colegio Nacional Nº 1 de Rosario. Tenía pocos amigos, era
propenso
al aislamiento, pero las situaciones que consideraba injustas lo
impulsaban a la acción y la pelea. Se destacó desde el
principio en la escuela secundaria, aunque le apasionaba más la
lectura de poesías, sobre todo Paul Verlaine, y de ensayos
filosóficos. Su manera de leer necesitaba de espacios amplios,
porque por momentos dejaba los libros y comenzaba a caminar por
el patio mientras sus manos hacían ademanes ampulosos.
Ya en la adolescencia, su
temperamento mostraba características que conservaría toda
la vida. Era sobrio, no le gustaban los bailes, aunque a veces
exteriorizaba su alegría y le gastaba bromas a sus amigos. Tenía
una novia, pero la abandonó al irse de Rosario para estudiar
derecho en la Universidad de Buenos Aires.
El abogado
Terminó la carrera a los 20 años.
Fue el más joven de su promoción, pero re-nunció al ejercicio
de la abogacía en uno de sus primeros casos: para ganarlo era
indispensable que su cliente mintiera en la audiencia. La noche
anterior no pudo dormir. Aunque estaba seguro de la razón de su
patrocinado, la idea de aconsejarte ese recurso le repugnaba.
Resolvió abandonar la profesión e irse a trabajar al campo.
Posteriormente, sólo en dos
oportunidades ejerció la abogacía representando a empresas
argentinas que demandaban a organismos británicos. Ganó ambas
causas, Una de las compañías, le envió un cheque en blanco,
pero no aceptó cobrar. Explicó que el interés nacional bien
entendido lo había impulsado a tomar las defensas y, como no
era abogado profesional ni deseaba serio, no podía recibir
honorarios por sus servicios. Consecuente con esta postura,
siempre que tuvo que declarar cuál era su ocupación, insistía
en dejar establecido que él era ganadero y nunca permitió, ni
en un formulario de la Dirección del Impuesto a los Réditos,
que figurara su carrera universitaria.
Lisandro inició su actuación
política en 1890, en la recientemente formada Unión Cívica,
que aglutinaba a gran parte de la juventud porteña opositora al
gobierno de Miguel Juárez Celman, presidente desde 1886. La
inmoralidad del régimen, el fraude, la dependencia del capital
extranjero y el manejo absoluto del poder por el presidente y su
entorno sumaban voluntades en su contra.
El 26 de julio de 1890,
participó de una insurrección cívico-militar en Buenos Aires,
donde la agrupación política hizo su bautismo de fuego.
Lisandro fue centinela del gobierno revolucionario en el Parque
de Artillería. Tenía 21 años. El levantamiento fue derrotado,
pero Juárez Celman se vio obligado a renunciar.
A partir de esa primera
experiencia, la Unión Cívica, liderada por Leandro N. Alem y
Aristóbulo del Valle, comenzó a extenderse a las provincias
mientras se gestaba un nuevo levantamiento, que esta vez no iba
a concentrarse en la Capital Federal, como el de 1890.
Tomar Rosario
En vísperas del tercer
aniversario de la insurrección, conocida como la Revolución
del Parque, se acordó la rebelión en las provincias de Buenos
Aires, San Luis y Santa Fe. Lisandro participó en la organización
del plan para tomar Rosario. Uno de los objetivos era la
Jefatura de Policía, donde se guardaba el arsenal de la ciudad,
que recién pudo tomarse en el tercer asalto. De la Torre lo
condujo personalmente. Decidió apoderarse de la casa de un
senador oficialista y, por las azoteas, llegar al cuartel.
Mientras avanzaba, arrojaba las bombas que él mismo había
llevado desde Zárate, estruendosas pero poco eficaces. Al mismo
tiempo, en los alrededores, otros grupos disparaban para
distraer la atención de los policías, hasta que el comandante
Urraco, jefe de las fuerzas, se rindió y la bandera de los
revolucionarios flameó sobre la Jefatura.
Después de la toma de Rosario,
marchó a Santa Fe con cuatrocientos hombres, para engrosar las
tropas del Norte y forzar la renuncia del gobernador, que fue
reemplazado por Mariano Candioti. Lisandro, que tenía 24 años,
fue nombrado ministro de Justicia. La alegría por el triunfo
duró poco. El Ejecutivo Nacional ordenó la intervención de la
provincia.
En 1896 murieron Aristóbulo
del Valle y Leandro N. Alem. Hipólito Yrigoyen asumió la
dirección de la Unión Cívica Radical. De la Torre presentó
la renuncia al partido, expresada en duros términos contra el
nuevo caudillo, quien lo retó a duelo. El rosarino recibió dos
sablazos en la mejilla izquierda y se suspendió el combate.
Sonriente, con el rostro ensangrentado le dijo a su
contrincante: "Me ha asestado dos hachazos. Lo
felicito". No se reconciliaron.
‘La República’
Lisandro se radicó nuevamente
en su ciudad natal, donde el 10 de setiembre de 1898 fundó el
diario La República, del que fue director. Desde sus páginas
denunciaba la corrupción de los Ejecutivos Nacional y
Provincial. Los amigos del gobernador le enviaban matones para
presionarlo, mientras algún aludido por sus críticas lo retaba
a duelo. Contrató como secretario de redacción a Florencio Sánchez,
que tenía 23 años. De la Torre se encariñó rápidamente con
el joven dramaturgo, quien no se ajustaba a los horarios pero
captaba a la perfección lo que se le pedía y lo escribía con
una rapidez extraordinaria. Además parecía tener la misma
facilidad de su director para hacer enemigos: estrenó una obra
en Rosario, en la que se burlaba de varios personajes poderosos
de la ciudad, y fue a parar a la cárcel.
En 1912 se realizaron los
primeros comicios bajo la Ley Sáenz Peña. Lisandro participó
con la Liga del Sur, un movimiento provincial formado en 1908, y
resultó electo diputado nacional. Presentó varios proyectos en
los que plasmó sus ideas: autonomías municipales, reforma
agraria y economía mixta para agricultura y ganadería.
Consecuente con sus convicciones, llevó a cabo la subdivisión
de su campo, situado en el centro de Santa Fe, y los
arrendatarios y jornaleros se convirtieron en pequeños
propietarios.
En la misma Cámara defendió,
en 1921, la Constitución de su provincia que acababa de ser
promulgada e inmediatamente anulada por el gobernador. La Carta
introducía reformas profundas. Una de las más urticantes era
la separación de la Iglesia y el Estado santafesino. Lisandro
la calificó como "la mejor Constitución y la más
avanzada de la República". Durante un discurso en la
Legislatura denunció: "Señor Presidente: yo que ignoro
las pasiones antirreligiosas, yo que pasé cuatro años en esta
Cámara sin promover un debate sectario y sin intervenir en los
que se promovían entre católicos y socialistas, yo que nunca
creí en el peligro clerical ( ... ), reconozco que he estado en
un error: el clericalismo es un peligro para nuestras
libertades".
¿El retiro?
El 22 de Julio de 1925 anunció
en la Cámara de Diputados su alejamiento de la vida política.
Se instaló en la estancia de Pinas, ubicada en el noroeste de Córdoba,
que había sido refugio durante las guerras civiles y, más
tarde, casa de descanso para religiosos. De la Torre se había
enterado de su existencia a través de los relatos de un inglés,
durante un viaje a los Estados Unidos, y terminó comprándola
en 1908. "Allí pienso pasar mi vejez", le había
dicho a un amigo.
Durante su retiro disfrutó de
la tranquilidad del ambiente y la compañía de sus libros, pero
la sequía comenzó a agrietar la tierra y le provocó daños
que nunca pudo reparar. Aceptó en calidad de socio a un
conocido, que le propuso instalar un aserradero y lo estafó con
la venta de la madera.
El golpe militar de 1930 lo sacó
de su aislamiento. Su viejo amigo, el teniente general José Félix
Uriburu, cabeza del movimiento que derrocó al presidente
Yrigoyen, te propuso ser su sucesor en el gobierno. De la Torre
se opuso: "Esta no es la manera de resolver las
cosas".
Dos años después la
Legislatura de Santa Fe lo eligió senador nacional. Aceptó
porque sentía que era su deber, aunque, según le escribió a
su amiga Elvira Aldao de Díaz, su única aspiración en ese
momento era "vivir tranquilo". En esa etapa comenzó
la investigación de la evasión impositiva de los frigoríficos
angloamericanos.
El 23 de julio de 1935, la sesión
se desarrollaba en un ambiente turbulento. Hacía más de un mes
que De la Torre desnudaba con pruebas irrefutables los
negociados de los ingleses y los beneficios obtenidos por el
ministro de Agricultura, Luis Duhau. Recibía constantemente
amenazas anónimas. Ante un insulto del titular de Hacienda,
Federico Pinedo, Lisandro se acercó, lo empujaron y cayó al
suelo. Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe, corrió a
auxiliarlo y recibió tres disparos en la espalda. Murió antes
de llegar al hospital. El victimario sería apresado en el
Congreso e identificado como Ramón Valdéz Cora, un matón
expulsado de la Policía. Nadie pudo explicar cómo había
ingresado en el recinto precisamente el día en que se habían
extremado las medidas de control de los asistentes. Los taquígrafos
declararon que habían sido presionados por el secretario del
ministro Duhau, para que afirmaran que Bordabehere estaba
armado. El debate quedó trunco. De la Torre sentenció:
"Se conoce el nombre del matador, pero hace falta conocer
el nombre del asesino". La investigación judicial nunca
llegó al autor intelectual.
En enero de 1937, concluido el
debate sobre el proyecto de Ley de represión al comunismo, que
denunció como un instrumento destinado a perseguir opositores,
Lisandro de la Torre renunció a lo que calificó como
"Senado de la decadencia". Al año siguiente, viajó
por última vez a Rosario para inaugurar el mausoleo de
Bordabehere.
El 6 de diciembre de 1938
cumplió 70 años. Había perdido su campo de Pinas. Aunque
gozaba de buena salud suponía que llegaría pronto su declinación.
Du-rante todo el mes se despidió silenciosamente de sus amigos,
arregló sus asuntos particulares, pagó todas sus cuentas,
obsequió sus objetos más queridos. El 5 de enero de 1939, en
su modesto departamento de dos ambientes, que ocupó durante 40
años en Buenos Aires, envió con la mucama las últimas cartas
a sus compañeros. Al mediodía se disparó al corazón.
"Yo no era un hombre político, porque en ningún momento
subordinaba los procedimientos a las consideraciones y
concesiones que son indispensables para llegara] poder. No tenía
ambiciones de mando, por eso nunca sacrifiqué mis convicciones.
( ... ) De los amigos y camaradas en la lucha política -entre
los que coloco a usted en primer término- he recibido toda
clase de pruebas de afecto y solidaridad, como las he recibido
continuamente de la gran masa anónima ( ... ). ¡A qué más
puedo aspirar si los oropeles del éxito valen tan poco!"
(Carta póstuma dirigida al doctor Luciano Molina).
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1868
El 6 de diciembre, nace Lisandro De la Torre en la ciudad de Rosario.
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1890
Al graduarse de abogado elabora su tesis doctoral sobre municipios y
comunas. Es este documento y la posterior acción de De la Torre los que
instalan en Argentina la idea de la "autonomía municipal" que
en 1994 alcanzó rango constitucional.
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1897
Lisandro De la Torre se aleja de la Unión Cívica Radical.
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1898
Funda en Rosario el diario
La República del que Florencio Sánchez es Secretario de Redacción.
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1908
En la ciudad de Rosario se constituye la Liga del Sur. Del acto
fundacional participan, entre otros, Lisandro De la Torre, Fernando
Pessan, Francisco Correa, Enrique Thedy.
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1911
De
la Torre es electo diputado provincial en representación del
departamento San Lorenzo.
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1912
Por
la Liga del Sur Lisandro De la Torre obtiene la banca de diputado
nacional.
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1914
El día 14 de diciembre en el Hotel Savoy de Buenos Aires se realiza la
Asamblea de Constitución del Partido Demócrata Progresista. Además de
Lisandro De la Torre, están presentes Felipe Arana, Gervasio Colombres,
Gustavo Martínez Zubiría, Joaquín V.González, el Gral. José F.
Uriburu, Carlos Ibarguren, José María Rosa, Alejandro Carbó, Benito
Villanueva, Julio A. Roca (h).
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1915
La Convención del Partido Demócrata Progresista proclama la formula De
la Torre-Carbó para las elecciones presidenciales de 1916 en las que
triunfa el candidato de la UCR Hipólito Irigoyen.
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1919
Lisandro de la Torre se presenta como candidato a senador por Capital
Federal y es derrotado en los comicios.
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1921
Con fuerte influencia del Partido Demócrata Progresista es sancionada
el 13 de agosto una nueva Constitución Provincial en Santa Fe, una de
las más modernas y progresistas de su tiempo. Es vetada por el
gobernador radical Enrique Mosca.
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1922
Lisandro De la Torre es electo diputado nacional por Santa Fe.
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1925
Lisandro
De la Torre anuncia su retiro de la política activa y se recluye en su
estancia de Pinas.
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1928
El PDP sufre en Santa Fe una categórica derrota. Es entonces cuando el
candidato a gobernador en esos comicios, Francisco Correa pronuncia la
frase "somos pocos para triunfar, pero muchos para
desaparecer".
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1931
Se conforma la Alianza Demócrata-Socialista con la fórmula
presidencial Lisandro De la Torre-Nicolás Repetto, la que pierde por
606.526 votos contra 488.535 votos con la fórmula Justo-Roca.
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1932
Luciano Molinas asume en representación del PDP la gobernación de la
provincia de Santa Fe. Pone en vigencia la Constitución de 1921.
Realiza una tarea de gobierno ejemplar. Lisandro De la Torre ingresa al
Congreso de la Nación como senador.
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1933
Se dicta con mayoría del PDP la Carta Orgánica Municipal de Rosario.
Es el primer instrumento legal que otorga el derecho de voto a la mujer.
Incluye institutos como: referendum, revocatoria de mandatos, iniciativa
popular, etc.
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1935.-
De la Torre, luego de que su correligionario Julio Noble lo intentara
sin éxito en la Cámara de Diputados, inicia en el Senado la
investigación del comercio de carnes. En su transcurso y en pleno
recinto es asesinado su discípulo y senador electo Dr. Enzo Bordabehere.
Se interviene la provincia de Santa Fe.
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1939
Agobiado por su situación patrimonial el Dr. Lisandro De la Torre se
suicida en la Capital Federal el 5 de enero. En el cementerio El
Salvador de Rosario está depositada una urna con sus cenizas. En el
Museo Histórico Julio Marc, también de Rosario, se encuentra
reproducida con su mobiliario original su residencia de Esmeralda 22 de
Capital Federal.
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El
asesinato de Bordabehere

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Enzo
Bordabehere, senador por Santa Fe, murió en un confuso
episodio que la historia cuenta en una versión distinta
de la que dio uno de sus mejores amigos.
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Arnaldo
Pérez Watt
El 22 de julio de 1935 Lisandro de la Torre telefoneó a
Rosario pidiéndole a Enzo Bordabehere le trajese unos informes.
Le requería también que estuviese en Esmeralda 22 antes de las
9. Este contestó que saldría esa misma tarde pero perdió el
tren. Partió con su colega Vimo al día siguiente pero el
convoy se atrasó; así que llegaron a casa de De la Torre a las
11.30.
—¡Podría yo estar esperando los datos que ustedes me tenían
que dar a las 9 de la mañana!— protestó el líder—
Oportunamente los conseguí— agregó. Conversaron hasta las 12
y Lisandro concretó:
—Bueno, ahora me dejan y nos encontramos a las 13 en Pedemonte
para almorzar.
Luego del almuerzo Enzo tomó su revólver antes de salir para
el Senado, pero su compañero, Héctor Vimo, quien narra estos
pormenores, le pidió que dejara el arma.
Lisandro de la Torre, “El fiscal de la patria”, como le
llamaba la opinión pública, venía batallando desde el año
anterior, 1934, en el parlamento:
“El ministro de Agricultura, señor Luis Duhau, sabe
perfectamente que los frigoríficos constituyen un monopolio
escandaloso con ganancias ilícitas... Pero nunca se ha visto un
ministro entregado desembozadamente a la tarea de impedir que
comience, aunque sea débilmente, la exportación cooperativa
del ganado argentino”.
Más adelante denunciaba, entre otras condiciones vergonzosas,
incumplimiento de leyes, suspensión de multas, bajos precios de
los novillos. Inglaterra era dueña de “mantener un monopolio
del 85 por ciento de la carne argentina, eligiendo ella los
importadores, condición deprimente esta última que se ha
atrevido a imponer ni a sus propios dominios”.
Así las cosas, eran las 5 de la tarde del 23 de julio de 1935.
Con tanta expectación y tantas acusaciones, dejaron entrar a
muchas personas en el Senado. Enzo Bordabehere y otros amigos se
ubicaron en los pasillos linderos con la banca de los senadores.
Llegaba a su punto más alto el debate sobre exportación de
carnes argentinas cuyas condiciones constituían, según De la
Torre, una entrega infame.
No le faltaba razón. Con esa política se beneficiaban Gran
Bretaña, los frigoríficos y los grandes terratenientes; se
aniquilaba a los pequeños productores que vendían en Liniers
su ganado de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y del Chaco. Y
precisamente en esas provincias fue donde, en ese orden, tenía
sus votos el partido Demoprogresista.
El ministro se expresó en términos ofensivos para De la Torre.
Este contestó con palabras de grueso calibre y luego se levantó
para estar más cerca de los dos ministros clave de la
interpelación. El ministro de Agricultura también se levantó
y le dio un empujón a De la Torre. Héctor Vimo, Eduardo Caraza
y Bordabehere avanzaron para ponerse al lado de De la Torre. En
ese momento sonaron tres tiros disparados por Valdez Cora y
Bordabehere cayó herido. Alfredo Palacios siguió a Cora y lo
hizo detener en el cuerpo de taquígrafos. Ante el estupor de
todos los presentes cerraron el Senado para que no saliese
nadie. Vimo, quien sostuvo que los disparos eran para
Bordabehere y no para De la Torre como publicaron los diarios (
y como mencionan muchos manuales de historia hasta hoy),
consiguió empero salir del recinto aduciendo que era hermano
del herido. Y le permitieron subir a la ambulancia porque
manifestó ser amigo dilecto de la víctima. En el trayecto
perdió mucha sangre y exclamó que moría porque sentía su
cuerpo frío. Vimo trató de animarlo con un “No diga eso”,
y buscó en las ropas del herido un pañuelo con el que trató
de detener la hemorragia pero en vano, pues al momento tenía la
mano ensangrentada. Bordabehere le pidió que entregase ese pañuelo
a su madre. “Ella es una mujer valiente y lo recibirá
resignada”, añadió.
Por fin llegaron al hospital Ramos Mejía. Su vida duró 25
minutos más y el amigo cumplió luego con el pedido
Así murió, reiteramos, según Héctor Vimo, el talentoso político
Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe del Partido Demócrata
Progresista.
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El
monumento. La manito que dio Gardel después de muerto.

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Por
Carlos Manus
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Monumento
a Carlos Gardel frente al Mercado del Abasto
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Finalmente
la ciudad de Buenos Aires ha enmendado su atraso de 65 años en
erigir un monumento a Carlos Gardel, inexplicable demora porque
el máximo cantor argentino tiene su homenaje en la piedra o en
el bronce en casi todos los países de América Latina, aún en
aquellos que no llegó a visitar.
Cabe recordar que, al poco
tiempo de ocurrida la trágica muerte del Zorzal Criollo, se
solicitó a Mariano de Vedia y Mitre, a la sazón Intendente de
la ciudad de Buenos Aires, que se designara con el nombre de
Carlos Gardel a una plazoleta de la Capital, a lo cual se negó
argumentando que Gardel tenía un prontuario policial.
Paradójicamente, Vedia y Mitre
fue Intendente de la ciudad de Buenos Aires durante la
presidencia de Agustín P. Justo, quien no tuvo ningún prurito
en usufructuar la muerte de Gardel para distraer la atención pública
del asesinato de Enzo Bordabehere, Senador Nacional por la
provincia de Santa Fe, a manos de Valdés Cora, ex-comisario y
matón a sueldo del oficialismo.
La bala estaba realmente
destinada a Lisandro de la Torre, también Senador Nacional por
la provincia de Santa Fe, para acallar su interpelación al
Ejecutivo por el "affaire" de los frigoríficos en el
que estaban complicados Luis Duhau y Federico Pinedo, Ministros
de Agricultura y de Hacienda.
Bordabehere había empujado a
De la Torre para salvarlo del atentado, recibiendo él la bala
asesina dirigida a su amigo y correligionario del partido Demócrata
Progresista. Cuando Valdés Cora fue arrestado se dijo
acertadamente "ya tenemos al matador, ahora falta el
asesino". No se pudo o no se quiso individualizar al
mandante de Valdés Cora, aunque las evidencias señalaban a
Duhau de quien era su guardaespaldas.
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Agustín
P. Justo, presidente de la República Argentina
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El presidente Justo solicitó a
su par colombiano que demorara la entrega de los restos de
Gardel y, con la complicidad de Natalio Botana,
director-propietario de "Crítica", este diario inició
una campaña para desviar la atención pública del crimen
cometido en pleno Senado de la Nación mediante la publicación
de artículos relacionados con el cantor: "La madre de
Gardel", "La infancia de Gardel", "Los
amigos de Gardel", "Los amores de Gardel", etc.
Transcurridos varios meses, y
ya logrado su propósito, Justo solicitó al presidente de
Colombia la repatriación de los restos de Gardel.
Este episodio es evocado por
Helvio Botana, hijo de Natalio, en el capítulo "La manito
que da Gardel después de muerto" de su libro
"Memorias. Tras los dientes del perro".
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El
sagrado recinto 
Por
David Viñas
“El
Senado puede ser un recinto de
alta política o convertirse, degradado, en una cueva de ladrones.”
Lisandro de la Torre,
5 de julio de 1935
Traidor es una
palabra melodramática que alude a un índice acusador en prolongación
de un brazo crispado. En las coreografías románticas, solía ser la
introducción a la peculiar dramaturgia del duelo, mediante un salto
cualitativo donde la carne se transformaba, por una suerte de energía
metálica duplicada: dos adversarios, un par de pistolas, veinte pasos,
amanecer en el Hipódromo Nacional o en la quinta del doctor Delcasse,
solapas levantadas, padrinos, fogonazos y Lucio López, el de La gran
aldea, apretándose el vientre agujereado en 1894. Las balas perezosas o
las reconciliaciones aparecieron recién en los entrecierres de ese
díptico exasperado, con la decadencia de las causseries y del presunto
honor victoriano, y en superposición con las pochadas tardías de
Gregorio de Laferrere. Hacia el 1900 argentino, se dijo que el uso de la
palabra, en reemplazo de las pistolas, era otro triunfo de la
civilización en desalojo de la barbarie.
Traidor
reaparece en réplica a las denuncias del Chacho Alvarez en el Senado y
a su posterior renuncia a la presidencia de esa egregia corporación.
Amarillenta, oxidada y chirriante, cierta revista especializada en
miserias semanales se regocija. Traidores, reduplica otro noticiero,
fingiendo que la especularidad implica un distanciamiento ecuánime.
Traidor sugieren, con tiza, algunos grafitos sobreimpresos sobre afiches
callejeros (No escupir sin limpiarse antes la boca, se solicitaba, en
otra pared afichada, glosando con variantes una vetusta ordenanza
municipal). Traidor, concluía con su extremo malicioso, rulando el
rulo, una bonachona carta en “vos” emitida recientemente por un alto
funcionario de la administración delarruista. No hay agravio mayor, en
la retórica de la injuria, que el giro de ciento ochenta grados
insinuando un suspenso como si fuera advertencia en despedida.
Dramática
senatorial: Alvarez Chacho y De la Torre Lisandro; década infame, la
clásica de los años treinta que estira fláccidamente, en este año
2000, las especificidades del menemato. Parecidos: dos protagonistas que
se enfrentan a un hemiciclo feudalizado, cuyo comunes denominadores son
las complicidades, los escraches legislativos, los guiños y un cinismo
interdisciplinario. Todos. O casi todos.
Y el “casi”
representa, entre los escaños, un hueco que se redondea en el “pero”
adversativo.
La mala fe es la única fe que revolotea sobre el Senado. Los presuntos
ancianos respetables de la patria ya “ni respetan las propias canas
teñidas”: Ernesto Palacio, en su Catilina memorable, alude a una
genealogía que enhebra vertiginosamente el senado ciceroniano con el
argentino de 1935. Ernesto Palacio, entendámonos: el humorista de la
revista Martín Fierro, el más diestro autor de epitafios despiadados,
que supo aliar el vanguardismo cosmopolita con las insolencias
barriales, fascinando a Jorge Luis Borges y provocando envidia hasta al
mismísimo Oliverio Girondo.
¡Traidor!,
repetía el coro senatorial cuando Lisandro de la Torre acusaba al
ministro de Hacienda del gelatinoso general Justo. Y traidor repiten
hoy, con un eco somnoliento, en los pasillos del Senado, los venerables
miembros de la Cámara alta cada vez que Alvarez los apunta con el dedo:
Tu quoque. El asombro en una inflexión paralela. Y en latín, que es la
jerga que utilizan los corifeos en los rincones amenazantes del palacio
de Riobamba y Rivadavia. Por muerta y por incomprensible.
Hasta aquí los
parecidos. A Lisandro de la Torre, notorio, los corruptos y sus
cómplices rupestres intentaron asesinarlo en ese recinto especialmente
teatral. Era necesario mutilar el uso de la palabra. Fallaron el tiro.
La víctima resultó su hijo intelectual, que se interpuso. Y el
discurso acusador se trocó en epitafio. Breve: la tragedia moderna no
se realiza bajo la mirada de los dioses, sino en la proximidad de la
muerte. En eso radica, precisamente, la diferencia entre las presuntas
traiciones de Lisandro de la Torre y del Chacho Alvarez. Si las señales
trágicas de los años 30 se han desplazado ahora hacia otro síntoma
complementario de denuncia sobre el cuerpo perforado de un especialista
en corazones, la dramaturgia senatorial, de acuerdo con los últimos
indicadores, se va deslizando melancólicamente hacia una parodia tan
cool como espasmódica.
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En
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Asesinato en el Senado de la Nación
Título original: Asesinato en el Senado de la Nación
1984
Argentina
Drama - Biográfica - Histórica
Film - color - 105' - español
Apta mayores de 18 años
Dirección: Juan
José Jusid
Guión: Carlos Somigliana
Inspirada en: caso
real (Intento de asesinato al diputado Lisandro de la Torre.)
Protagonistas: Pepe
Soriano, Miguel Angel Solá, Oscar Martínez
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Disponibilidad
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Cine
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no
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estreno:
13-09-84
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Video
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DVD
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