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1-Biografía

2-El Asesinato de Bordabehere
3-El monumento. La manito que dio Gardel después de muerto

4-El Sagrado Recinto

5- En video

 

La vida de Lisandro

 

"Las clases media y proletaria no se conforman con quedar libradas a los beneficios que puedan derivarse del "bienestar general". Quieren saber concretamente qué propósitos tienen los partidos políticos sobre las cuestiones que a ellas les interesan: participación de los obreros en las utilidades de las fábricas, limitación de las grandes ganancias y de las grandes fortunas, pensiones a la vejez, seguro de desocupación y otros puntos semejantes. No caben ya equívocos sobre las cuestiones sociales y del trabajo, por más que los conservadores argentinos no lo comprendan todavía."

"El gobierno inglés le dice al gobierno argentino no le permito que fomente la organización de compañías que le hagan competencia a los frigoríficos extranjeros. En esas condiciones no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio británico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios británicos semejantes humillaciones. Los dominios británicos tiene cada uno su cuota de importación de carnes y la administran ellos. La Argentina es la que no podrá administrar su cuota. No sé si después de esto podremos seguir diciendo: "al gran pueblo argentino salud".

"Después de la disolución de los antiguos partidos, participamos del deseo general de crear uno nuevo, no para que haga vivir situaciones y partidos del pasado, sino que inspirados en la alta tradición del espíritu argentino, pueda armonizar con las exigencias presentes y futuras de nuestra sociedad, todo lo que debe ser conservado como vínculo de solidaridad entre las anteriores y las nuevas generaciones."

"Queremos que ocupen los principales puestos nacionales ciudadanos que hayan dado pruebas suficientes de aptitud para realizar los anhelos permanentes de orden institucional, de progreso económico, de continuidad en la labor de cultura moral e intelectual, fundados a costa de tantos sacrificios de las generaciones anteriores."

 

 


Lisandro (der.) recorriendo el país

 

Biografía Volver

 

"No tengo ambiciones de mando, por eso nunca sacrifiqué mis convicciones"   

Nota del 1 del 5 de 1997. Revista La Maga

 Etel Capdevila  

Nacido el 6 de diciembre de 1868 en Rosario, Lisandro de la Torre fue el defensor de grandes causas perdidas: denunció el tratado comercial que entregó a Inglaterra las carnes argentinas y la evasión impositiva de los frigoríficos angloamericanos, resistió la derogación de la Constitución santafesina de 1921 y cuestionó el proyecto de ley de represión al comunismo como instrumento destinado a perseguir a los opositores políticos. 

Don Lisandro de la Torre, descendiente de vascos, porteño y mitrista, se estableció en un campo del sur de la provincia de Santa Fe, en la segunda mitad del siglo XIX. Se instaló en Rosario -por decreto declarada ciudad pocos años antes- y se casó con doña Virginia Paganini, sobrina nieta de Antonio Sáenz, primer rector de la Universidad de Buenos Aires.  

El 6 de diciembre de 1868 nació su segundo hijo, un varón que siguió a Sara, la primogénita. Don Lisandro quería ponerle su nombre, pero el sacerdote de la Basílica Nuestra Señora del Rosario se negó porque no aparecía en el martirologio cristiano, pero lo aceptó como segundo, después de Nicolás. Los esfuerzos de cura fueron inútiles: el pequeño pasó a la historia como Lisandro de la Torre, y sólo usaría su primer nombre en los documentos oficiales.

El “gringuito”

El niño, apodado "gringuito" por ser rubio y de ojos claros, creció en un hogar de católicos practicantes. La familia iba a misa todos los domingos y su padre repetía como una especie de lema: "No hay moral sin religión". El hijo descubrió que podía haber religión sin moral en la escuela donde recibió la educación primaria: el Colegio Colón de Rosario, regenteado por un sacerdote. Enviado por el maestro a buscar tizas, sorprendió in-fraganti al director, el padre Cayetano Jiménez, con una amiga de su madre. Fue el primer paso de su descreimiento de la Iglesia oficial que, con el tiempo, se transformó en un ateísmo militante.

Su hermana Sara lo describía como un pequeño arrogante y relataba una anécdota que lo pintaba así: "Tenía 6 años cuando su madre le encargó un mandado, el gringuito se negó y, sin abandonar sus juegos, le respondió: ‘Yo no voy, yo nací para otros destinos’. Al salir del asombro, doña Virginia se rió, lo tomó entre sus brazos y lo besó".

En 1876 conoció las privaciones materiales. El Banco Provincial le exigió al padre cubrir el saldo deudor de su cuenta pendiente en un corto plazo. Don Lisandro decidió invertir las condiciones requeridas: le pagó a todos sus acreedores particulares y le dijo al Banco que podía proceder como quisiera. La operación era ilegal, pero él prefería regirse por sus principios morales. Los jueces dictaron el embargo y la casa familiar se llenó de personas extrañas que retiraban muebles y objetos valiosos. El comedor quedó vacío y las demás habitaciones, con lo indispensable.

Completados los estudios primarios, Lisandrito -como también lo llamaba-ingresó en el Colegio Nacional Nº 1 de Rosario. Tenía pocos amigos, era propenso al aislamiento, pero las situaciones que consideraba injustas lo impulsaban a la acción y la pelea. Se destacó desde el principio en la escuela secundaria, aunque le apasionaba más la lectura de poesías, sobre todo Paul Verlaine, y de ensayos filosóficos. Su manera de leer necesitaba de espacios amplios, porque por momentos dejaba los libros y comenzaba a caminar por el patio mientras sus manos hacían ademanes ampulosos.

Ya en la adolescencia, su temperamento mostraba características que conservaría toda la vida. Era sobrio, no le gustaban los bailes, aunque a veces exteriorizaba su alegría y le gastaba bromas a sus amigos. Tenía una novia, pero la abandonó al irse de Rosario para estudiar derecho en la Universidad de Buenos Aires.

El abogado

Terminó la carrera a los 20 años. Fue el más joven de su promoción, pero re-nunció al ejercicio de la abogacía en uno de sus primeros casos: para ganarlo era indispensable que su cliente mintiera en la audiencia. La noche anterior no pudo dormir. Aunque estaba seguro de la razón de su patrocinado, la idea de aconsejarte ese recurso le repugnaba. Resolvió abandonar la profesión e irse a trabajar al campo.

Posteriormente, sólo en dos oportunidades ejerció la abogacía representando a empresas argentinas que demandaban a organismos británicos. Ganó ambas causas, Una de las compañías, le envió un cheque en blanco, pero no aceptó cobrar. Explicó que el interés nacional bien entendido lo había impulsado a tomar las defensas y, como no era abogado profesional ni deseaba serio, no podía recibir honorarios por sus servicios. Consecuente con esta postura, siempre que tuvo que declarar cuál era su ocupación, insistía en dejar establecido que él era ganadero y nunca permitió, ni en un formulario de la Dirección del Impuesto a los Réditos, que figurara su carrera universitaria.

Lisandro inició su actuación política en 1890, en la recientemente formada Unión Cívica, que aglutinaba a gran parte de la juventud porteña opositora al gobierno de Miguel Juárez Celman, presidente desde 1886. La inmoralidad del régimen, el fraude, la dependencia del capital extranjero y el manejo absoluto del poder por el presidente y su entorno sumaban voluntades en su contra.

El 26 de julio de 1890, participó de una insurrección cívico-militar en Buenos Aires, donde la agrupación política hizo su bautismo de fuego. Lisandro fue centinela del gobierno revolucionario en el Parque de Artillería. Tenía 21 años. El levantamiento fue derrotado, pero Juárez Celman se vio obligado a renunciar.

A partir de esa primera experiencia, la Unión Cívica, liderada por Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, comenzó a extenderse a las provincias mientras se gestaba un nuevo levantamiento, que esta vez no iba a concentrarse en la Capital Federal, como el de 1890.

Tomar Rosario

En vísperas del tercer aniversario de la insurrección, conocida como la Revolución del Parque, se acordó la rebelión en las provincias de Buenos Aires, San Luis y Santa Fe. Lisandro participó en la organización del plan para tomar Rosario. Uno de los objetivos era la Jefatura de Policía, donde se guardaba el arsenal de la ciudad, que recién pudo tomarse en el tercer asalto. De la Torre lo condujo personalmente. Decidió apoderarse de la casa de un senador oficialista y, por las azoteas, llegar al cuartel. Mientras avanzaba, arrojaba las bombas que él mismo había llevado desde Zárate, estruendosas pero poco eficaces. Al mismo tiempo, en los alrededores, otros grupos disparaban para distraer la atención de los policías, hasta que el comandante Urraco, jefe de las fuerzas, se rindió y la bandera de los revolucionarios flameó sobre la Jefatura.

Después de la toma de Rosario, marchó a Santa Fe con cuatrocientos hombres, para engrosar las tropas del Norte y forzar la renuncia del gobernador, que fue reemplazado por Mariano Candioti. Lisandro, que tenía 24 años, fue nombrado ministro de Justicia. La alegría por el triunfo duró poco. El Ejecutivo Nacional ordenó la intervención de la provincia.

En 1896 murieron Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem. Hipólito Yrigoyen asumió la dirección de la Unión Cívica Radical. De la Torre presentó la renuncia al partido, expresada en duros términos contra el nuevo caudillo, quien lo retó a duelo. El rosarino recibió dos sablazos en la mejilla izquierda y se suspendió el combate. Sonriente, con el rostro ensangrentado le dijo a su contrincante: "Me ha asestado dos hachazos. Lo felicito". No se reconciliaron.

‘La República’

Lisandro se radicó nuevamente en su ciudad natal, donde el 10 de setiembre de 1898 fundó el diario La República, del que fue director. Desde sus páginas denunciaba la corrupción de los Ejecutivos Nacional y Provincial. Los amigos del gobernador le enviaban matones para presionarlo, mientras algún aludido por sus críticas lo retaba a duelo. Contrató como secretario de redacción a Florencio Sánchez, que tenía 23 años. De la Torre se encariñó rápidamente con el joven dramaturgo, quien no se ajustaba a los horarios pero captaba a la perfección lo que se le pedía y lo escribía con una rapidez extraordinaria. Además parecía tener la misma facilidad de su director para hacer enemigos: estrenó una obra en Rosario, en la que se burlaba de varios personajes poderosos de la ciudad, y fue a parar a la cárcel.

En 1912 se realizaron los primeros comicios bajo la Ley Sáenz Peña. Lisandro participó con la Liga del Sur, un movimiento provincial formado en 1908, y resultó electo diputado nacional. Presentó varios proyectos en los que plasmó sus ideas: autonomías municipales, reforma agraria y economía mixta para agricultura y ganadería. Consecuente con sus convicciones, llevó a cabo la subdivisión de su campo, situado en el centro de Santa Fe, y los arrendatarios y jornaleros se convirtieron en pequeños propietarios.

En la misma Cámara defendió, en 1921, la Constitución de su provincia que acababa de ser promulgada e inmediatamente anulada por el gobernador. La Carta introducía reformas profundas. Una de las más urticantes era la separación de la Iglesia y el Estado santafesino. Lisandro la calificó como "la mejor Constitución y la más avanzada de la República". Durante un discurso en la Legislatura denunció: "Señor Presidente: yo que ignoro las pasiones antirreligiosas, yo que pasé cuatro años en esta Cámara sin promover un debate sectario y sin intervenir en los que se promovían entre católicos y socialistas, yo que nunca creí en el peligro clerical ( ... ), reconozco que he estado en un error: el clericalismo es un peligro para nuestras libertades".

¿El retiro?

El 22 de Julio de 1925 anunció en la Cámara de Diputados su alejamiento de la vida política. Se instaló en la estancia de Pinas, ubicada en el noroeste de Córdoba, que había sido refugio durante las guerras civiles y, más tarde, casa de descanso para religiosos. De la Torre se había enterado de su existencia a través de los relatos de un inglés, durante un viaje a los Estados Unidos, y terminó comprándola en 1908. "Allí pienso pasar mi vejez", le había dicho a un amigo.

Durante su retiro disfrutó de la tranquilidad del ambiente y la compañía de sus libros, pero la sequía comenzó a agrietar la tierra y le provocó daños que nunca pudo reparar. Aceptó en calidad de socio a un conocido, que le propuso instalar un aserradero y lo estafó con la venta de la madera.

El golpe militar de 1930 lo sacó de su aislamiento. Su viejo amigo, el teniente general José Félix Uriburu, cabeza del movimiento que derrocó al presidente Yrigoyen, te propuso ser su sucesor en el gobierno. De la Torre se opuso: "Esta no es la manera de resolver las cosas".

Dos años después la Legislatura de Santa Fe lo eligió senador nacional. Aceptó porque sentía que era su deber, aunque, según le escribió a su amiga Elvira Aldao de Díaz, su única aspiración en ese momento era "vivir tranquilo". En esa etapa comenzó la investigación de la evasión impositiva de los frigoríficos angloamericanos.

El 23 de julio de 1935, la sesión se desarrollaba en un ambiente turbulento. Hacía más de un mes que De la Torre desnudaba con pruebas irrefutables los negociados de los ingleses y los beneficios obtenidos por el ministro de Agricultura, Luis Duhau. Recibía constantemente amenazas anónimas. Ante un insulto del titular de Hacienda, Federico Pinedo, Lisandro se acercó, lo empujaron y cayó al suelo. Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe, corrió a auxiliarlo y recibió tres disparos en la espalda. Murió antes de llegar al hospital. El victimario sería apresado en el Congreso e identificado como Ramón Valdéz Cora, un matón expulsado de la Policía. Nadie pudo explicar cómo había ingresado en el recinto precisamente el día en que se habían extremado las medidas de control de los asistentes. Los taquígrafos declararon que habían sido presionados por el secretario del ministro Duhau, para que afirmaran que Bordabehere estaba armado. El debate quedó trunco. De la Torre sentenció: "Se conoce el nombre del matador, pero hace falta conocer el nombre del asesino". La investigación judicial nunca llegó al autor intelectual.

En enero de 1937, concluido el debate sobre el proyecto de Ley de represión al comunismo, que denunció como un instrumento destinado a perseguir opositores, Lisandro de la Torre renunció a lo que calificó como "Senado de la decadencia". Al año siguiente, viajó por última vez a Rosario para inaugurar el mausoleo de Bordabehere.

El 6 de diciembre de 1938 cumplió 70 años. Había perdido su campo de Pinas. Aunque gozaba de buena salud suponía que llegaría pronto su declinación. Du-rante todo el mes se despidió silenciosamente de sus amigos, arregló sus asuntos particulares, pagó todas sus cuentas, obsequió sus objetos más queridos. El 5 de enero de 1939, en su modesto departamento de dos ambientes, que ocupó durante 40 años en Buenos Aires, envió con la mucama las últimas cartas a sus compañeros. Al mediodía se disparó al corazón. "Yo no era un hombre político, porque en ningún momento subordinaba los procedimientos a las consideraciones y concesiones que son indispensables para llegara] poder. No tenía ambiciones de mando, por eso nunca sacrifiqué mis convicciones. ( ... ) De los amigos y camaradas en la lucha política -entre los que coloco a usted en primer término- he recibido toda clase de pruebas de afecto y solidaridad, como las he recibido continuamente de la gran masa anónima ( ... ). ¡A qué más puedo aspirar si los oropeles del éxito valen tan poco!" (Carta póstuma dirigida al doctor Luciano Molina).

 

1868
El 6 de diciembre, nace Lisandro De la Torre en la ciudad de Rosario.

1890
Al graduarse de abogado elabora su tesis doctoral sobre municipios y comunas. Es este documento y la posterior acción de De la Torre los que instalan en Argentina la idea de la "autonomía municipal" que en 1994 alcanzó rango constitucional.

1897
Lisandro De la Torre se aleja de la Unión Cívica Radical.

1898
Funda en Rosario el diario
La República del que Florencio Sánchez es Secretario de Redacción.

1908
En la ciudad de Rosario se constituye la Liga del Sur. Del acto fundacional participan, entre otros, Lisandro De la Torre, Fernando Pessan, Francisco Correa, Enrique Thedy.

1911
De la Torre es electo diputado provincial en representación del departamento San Lorenzo.

1912
Por la Liga del Sur Lisandro De la Torre obtiene la banca de diputado nacional.

1914
El día 14 de diciembre en el Hotel Savoy de Buenos Aires se realiza la Asamblea de Constitución del Partido Demócrata Progresista. Además de Lisandro De la Torre, están presentes Felipe Arana, Gervasio Colombres, Gustavo Martínez Zubiría, Joaquín V.González, el Gral. José F. Uriburu, Carlos Ibarguren, José María Rosa, Alejandro Carbó, Benito Villanueva, Julio A. Roca (h).

1915
La Convención del Partido Demócrata Progresista proclama la formula De la Torre-Carbó para las elecciones presidenciales de 1916 en las que triunfa el candidato de la UCR Hipólito Irigoyen.

1919
Lisandro de la Torre se presenta como candidato a senador por Capital Federal y es derrotado en los comicios.

1921
Con fuerte influencia del Partido Demócrata Progresista es sancionada el 13 de agosto una nueva Constitución Provincial en Santa Fe, una de las más modernas y progresistas de su tiempo. Es vetada por el gobernador radical Enrique Mosca.

1922
Lisandro De la Torre es electo diputado nacional por Santa Fe.

1925
Lisandro De la Torre anuncia su retiro de la política activa y se recluye en su estancia de Pinas.

1928
El PDP sufre en Santa Fe una categórica derrota. Es entonces cuando el candidato a gobernador en esos comicios, Francisco Correa pronuncia la frase "somos pocos para triunfar, pero muchos para desaparecer".

1931
Se conforma la Alianza Demócrata-Socialista con la fórmula presidencial Lisandro De la Torre-Nicolás Repetto, la que pierde por 606.526 votos contra 488.535 votos con la fórmula Justo-Roca.

1932
Luciano Molinas asume en representación del PDP la gobernación de la provincia de Santa Fe. Pone en vigencia la Constitución de 1921. Realiza una tarea de gobierno ejemplar. Lisandro De la Torre ingresa al Congreso de la Nación como senador.

1933
Se dicta con mayoría del PDP la Carta Orgánica Municipal de Rosario. Es el primer instrumento legal que otorga el derecho de voto a la mujer. Incluye institutos como: referendum, revocatoria de mandatos, iniciativa popular, etc.

1935.-
De la Torre, luego de que su correligionario Julio Noble lo intentara sin éxito en la Cámara de Diputados, inicia en el Senado la investigación del comercio de carnes. En su transcurso y en pleno recinto es asesinado su discípulo y senador electo Dr. Enzo Bordabehere. Se interviene la provincia de Santa Fe.

1939
Agobiado por su situación patrimonial el Dr. Lisandro De la Torre se suicida en la Capital Federal el 5 de enero. En el cementerio El Salvador de Rosario está depositada una urna con sus cenizas. En el Museo Histórico Julio Marc, también de Rosario, se encuentra reproducida con su mobiliario original su residencia de Esmeralda 22 de Capital Federal.

 


El asesinato de Bordabehere Volver


Enzo Bordabehere, senador por Santa Fe, murió en un confuso episodio que la historia cuenta en una versión distinta de la que dio uno de sus mejores amigos.

 

Arnaldo Pérez Watt

El 22 de julio de 1935 Lisandro de la Torre telefoneó a Rosario pidiéndole a Enzo Bordabehere le trajese unos informes. Le requería también que estuviese en Esmeralda 22 antes de las 9. Este contestó que saldría esa misma tarde pero perdió el tren. Partió con su colega Vimo al día siguiente pero el convoy se atrasó; así que llegaron a casa de De la Torre a las 11.30.

—¡Podría yo estar esperando los datos que ustedes me tenían que dar a las 9 de la mañana!— protestó el líder— Oportunamente los conseguí— agregó. Conversaron hasta las 12 y Lisandro concretó:

—Bueno, ahora me dejan y nos encontramos a las 13 en Pedemonte para almorzar.

Luego del almuerzo Enzo tomó su revólver antes de salir para el Senado, pero su compañero, Héctor Vimo, quien narra estos pormenores, le pidió que dejara el arma.

Lisandro de la Torre, “El fiscal de la patria”, como le llamaba la opinión pública, venía batallando desde el año anterior, 1934, en el parlamento:

“El ministro de Agricultura, señor Luis Duhau, sabe perfectamente que los frigoríficos constituyen un monopolio escandaloso con ganancias ilícitas... Pero nunca se ha visto un ministro entregado desembozadamente a la tarea de impedir que comience, aunque sea débilmente, la exportación cooperativa del ganado argentino”.

Más adelante denunciaba, entre otras condiciones vergonzosas, incumplimiento de leyes, suspensión de multas, bajos precios de los novillos. Inglaterra era dueña de “mantener un monopolio del 85 por ciento de la carne argentina, eligiendo ella los importadores, condición deprimente esta última que se ha atrevido a imponer ni a sus propios dominios”.

Así las cosas, eran las 5 de la tarde del 23 de julio de 1935. Con tanta expectación y tantas acusaciones, dejaron entrar a muchas personas en el Senado. Enzo Bordabehere y otros amigos se ubicaron en los pasillos linderos con la banca de los senadores.

Llegaba a su punto más alto el debate sobre exportación de carnes argentinas cuyas condiciones constituían, según De la Torre, una entrega infame.

No le faltaba razón. Con esa política se beneficiaban Gran Bretaña, los frigoríficos y los grandes terratenientes; se aniquilaba a los pequeños productores que vendían en Liniers su ganado de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y del Chaco. Y precisamente en esas provincias fue donde, en ese orden, tenía sus votos el partido Demoprogresista.

El ministro se expresó en términos ofensivos para De la Torre. Este contestó con palabras de grueso calibre y luego se levantó para estar más cerca de los dos ministros clave de la interpelación. El ministro de Agricultura también se levantó y le dio un empujón a De la Torre. Héctor Vimo, Eduardo Caraza y Bordabehere avanzaron para ponerse al lado de De la Torre. En ese momento sonaron tres tiros disparados por Valdez Cora y Bordabehere cayó herido. Alfredo Palacios siguió a Cora y lo hizo detener en el cuerpo de taquígrafos. Ante el estupor de todos los presentes cerraron el Senado para que no saliese nadie. Vimo, quien sostuvo que los disparos eran para Bordabehere y no para De la Torre como publicaron los diarios ( y como mencionan muchos manuales de historia hasta hoy), consiguió empero salir del recinto aduciendo que era hermano del herido. Y le permitieron subir a la ambulancia porque manifestó ser amigo dilecto de la víctima. En el trayecto perdió mucha sangre y exclamó que moría porque sentía su cuerpo frío. Vimo trató de animarlo con un “No diga eso”, y buscó en las ropas del herido un pañuelo con el que trató de detener la hemorragia pero en vano, pues al momento tenía la mano ensangrentada. Bordabehere le pidió que entregase ese pañuelo a su madre. “Ella es una mujer valiente y lo recibirá resignada”, añadió.

Por fin llegaron al hospital Ramos Mejía. Su vida duró 25 minutos más y el amigo cumplió luego con el pedido
Así murió, reiteramos, según Héctor Vimo, el talentoso político Enzo Bordabehere, senador electo por Santa Fe del Partido Demócrata Progresista.

 

 


El monumento. La manito que dio Gardel después de muerto. Volver

Por Carlos Manus

Monumento a Carlos Gardel frente al Mercado del Abasto

Finalmente la ciudad de Buenos Aires ha enmendado su atraso de 65 años en erigir un monumento a Carlos Gardel, inexplicable demora porque el máximo cantor argentino tiene su homenaje en la piedra o en el bronce en casi todos los países de América Latina, aún en aquellos que no llegó a visitar.

Cabe recordar que, al poco tiempo de ocurrida la trágica muerte del Zorzal Criollo, se solicitó a Mariano de Vedia y Mitre, a la sazón Intendente de la ciudad de Buenos Aires, que se designara con el nombre de Carlos Gardel a una plazoleta de la Capital, a lo cual se negó argumentando que Gardel tenía un prontuario policial.

Paradójicamente, Vedia y Mitre fue Intendente de la ciudad de Buenos Aires durante la presidencia de Agustín P. Justo, quien no tuvo ningún prurito en usufructuar la muerte de Gardel para distraer la atención pública del asesinato de Enzo Bordabehere, Senador Nacional por la provincia de Santa Fe, a manos de Valdés Cora, ex-comisario y matón a sueldo del oficialismo.

La bala estaba realmente destinada a Lisandro de la Torre, también Senador Nacional por la provincia de Santa Fe, para acallar su interpelación al Ejecutivo por el "affaire" de los frigoríficos en el que estaban complicados Luis Duhau y Federico Pinedo, Ministros de Agricultura y de Hacienda.

Bordabehere había empujado a De la Torre para salvarlo del atentado, recibiendo él la bala asesina dirigida a su amigo y correligionario del partido Demócrata Progresista. Cuando Valdés Cora fue arrestado se dijo acertadamente "ya tenemos al matador, ahora falta el asesino". No se pudo o no se quiso individualizar al mandante de Valdés Cora, aunque las evidencias señalaban a Duhau de quien era su guardaespaldas.

Agustín P. Justo, presidente de la República Argentina

El presidente Justo solicitó a su par colombiano que demorara la entrega de los restos de Gardel y, con la complicidad de Natalio Botana, director-propietario de "Crítica", este diario inició una campaña para desviar la atención pública del crimen cometido en pleno Senado de la Nación mediante la publicación de artículos relacionados con el cantor: "La madre de Gardel", "La infancia de Gardel", "Los amigos de Gardel", "Los amores de Gardel", etc.

Transcurridos varios meses, y ya logrado su propósito, Justo solicitó al presidente de Colombia la repatriación de los restos de Gardel.

Este episodio es evocado por Helvio Botana, hijo de Natalio, en el capítulo "La manito que da Gardel después de muerto" de su libro "Memorias. Tras los dientes del perro".


El sagrado recinto Volver

Por David Viñas

“El Senado puede ser un recinto de
alta política o convertirse, degradado, en una cueva de ladrones.”
Lisandro de la Torre, 5 de julio de 1935

Traidor es una palabra melodramática que alude a un índice acusador en prolongación de un brazo crispado. En las coreografías románticas, solía ser la introducción a la peculiar dramaturgia del duelo, mediante un salto cualitativo donde la carne se transformaba, por una suerte de energía metálica duplicada: dos adversarios, un par de pistolas, veinte pasos, amanecer en el Hipódromo Nacional o en la quinta del doctor Delcasse, solapas levantadas, padrinos, fogonazos y Lucio López, el de La gran aldea, apretándose el vientre agujereado en 1894. Las balas perezosas o las reconciliaciones aparecieron recién en los entrecierres de ese díptico exasperado, con la decadencia de las causseries y del presunto honor victoriano, y en superposición con las pochadas tardías de Gregorio de Laferrere. Hacia el 1900 argentino, se dijo que el uso de la palabra, en reemplazo de las pistolas, era otro triunfo de la civilización en desalojo de la barbarie.

Traidor reaparece en réplica a las denuncias del Chacho Alvarez en el Senado y a su posterior renuncia a la presidencia de esa egregia corporación. Amarillenta, oxidada y chirriante, cierta revista especializada en miserias semanales se regocija. Traidores, reduplica otro noticiero, fingiendo que la especularidad implica un distanciamiento ecuánime. Traidor sugieren, con tiza, algunos grafitos sobreimpresos sobre afiches callejeros (No escupir sin limpiarse antes la boca, se solicitaba, en otra pared afichada, glosando con variantes una vetusta ordenanza municipal). Traidor, concluía con su extremo malicioso, rulando el rulo, una bonachona carta en “vos” emitida recientemente por un alto funcionario de la administración delarruista. No hay agravio mayor, en la retórica de la injuria, que el giro de ciento ochenta grados insinuando un suspenso como si fuera advertencia en despedida.

Dramática senatorial: Alvarez Chacho y De la Torre Lisandro; década infame, la clásica de los años treinta que estira fláccidamente, en este año 2000, las especificidades del menemato. Parecidos: dos protagonistas que se enfrentan a un hemiciclo feudalizado, cuyo comunes denominadores son las complicidades, los escraches legislativos, los guiños y un cinismo interdisciplinario. Todos. O casi todos. 

Y el “casi” representa, entre los escaños, un hueco que se redondea en el “pero” adversativo.
La mala fe es la única fe que revolotea sobre el Senado. Los presuntos ancianos respetables de la patria ya “ni respetan las propias canas teñidas”: Ernesto Palacio, en su Catilina memorable, alude a una genealogía que enhebra vertiginosamente el senado ciceroniano con el argentino de 1935. Ernesto Palacio, entendámonos: el humorista de la revista Martín Fierro, el más diestro autor de epitafios despiadados, que supo aliar el vanguardismo cosmopolita con las insolencias barriales, fascinando a Jorge Luis Borges y provocando envidia hasta al mismísimo Oliverio Girondo.

¡Traidor!, repetía el coro senatorial cuando Lisandro de la Torre acusaba al ministro de Hacienda del gelatinoso general Justo. Y traidor repiten hoy, con un eco somnoliento, en los pasillos del Senado, los venerables miembros de la Cámara alta cada vez que Alvarez los apunta con el dedo: Tu quoque. El asombro en una inflexión paralela. Y en latín, que es la jerga que utilizan los corifeos en los rincones amenazantes del palacio de Riobamba y Rivadavia. Por muerta y por incomprensible.

Hasta aquí los parecidos. A Lisandro de la Torre, notorio, los corruptos y sus cómplices rupestres intentaron asesinarlo en ese recinto especialmente teatral. Era necesario mutilar el uso de la palabra. Fallaron el tiro. La víctima resultó su hijo intelectual, que se interpuso. Y el discurso acusador se trocó en epitafio. Breve: la tragedia moderna no se realiza bajo la mirada de los dioses, sino en la proximidad de la muerte. En eso radica, precisamente, la diferencia entre las presuntas traiciones de Lisandro de la Torre y del Chacho Alvarez. Si las señales trágicas de los años 30 se han desplazado ahora hacia otro síntoma complementario de denuncia sobre el cuerpo perforado de un especialista en corazones, la dramaturgia senatorial, de acuerdo con los últimos indicadores, se va deslizando melancólicamente hacia una parodia tan cool como espasmódica.

 


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Asesinato en el Senado de la Nación

Título original: Asesinato en el Senado de la Nación
1984
Argentina
Drama - Biográfica - Histórica
Film - color - 105' - español
Apta mayores de 18 años

Dirección: Juan José Jusid
Guión: Carlos Somigliana
Inspirada en: caso real (Intento de asesinato al diputado Lisandro de la Torre.)
Protagonistas: Pepe Soriano, Miguel Angel Solá, Oscar Martínez

 Disponibilidad

 Cine

no

estreno: 13-09-84

 Video

 DVD

no

 TV

si